Hay un mundo en el que no existen cuerpo, mente o alma. Un mundo en el que la bondad y las buenas intenciones son conceptos sin definir, innecesarios por naturaleza. Un mundo, por lo tanto, en el que difícilmente se puede ir al Paraíso. De hecho, no existe un Paraíso, sólo un Infierno, carente, eso sí, de toda maldad. Carente, así, de tristeza y dolor. No pueden existir sentimientos negativos porque jamás los han existido positivos. Un mundo, en resumen, donde el bien y el mal representan una taxonomía inexistente.
Quizás un mundo no falto de ética, sino desbordado por una actitud autocomplaciente.
Advertisement